Euskadi: la Albania europea


Juan José Ibarretxe

EL COMENTARIO

Evidentemente el fin último de un partido nacionalista es conseguir la independencia, aunque bien es cierto que dentro del nacionalismo unos y otros optan por estrategias bien diferentes para acercase a ese objetivo. España es el país de la Unión Europea con más formaciones políticas pertenecientes a la familia de los partidos nacionalistas. Dentro del complejo entramado nacionalista hispano tenemos moderados y radicales, de izquierdas y de derechas, democratacristianos y marxistas, inteligentes y menos inteligentes… Digamos que el nacionalismo catalán aglutinaría bastante de moderación e inteligencia en su estrategia política a lo largo de los años (salvo deshonrosas excepciones), y que en el País Vasco la paranoia se habría instalado en ese mundo nacionalista en el que conviven todas las subespecies antes mencionadas… incluídos los menos inteligentes.

El País Vasco tiene un autogobierno impensable en Quebec, Irlanda del Norte, Escocia o Gales, territorios de los que se está hablando mucho durante estos días. El nacionalismo vasco gusta de utilizar, estaría mejor dicho, manipular, los casos de Quebec y el Ulster, buscando similitudes que muchas veces son completamente falsas.
En el caso de Quebec, la provincia francófona canadiense, efectivamente, llegó a convocar, por dos veces, sendos reférendum de autodeterminación que buscaban la secesión pacífica y pactada de Canadá. En ambos casos, los partidarios de la secesión perdieron el referéndum, básicamente porque la mayoría de los habitantes de Quebec entendieron que dentro del Estado de Canadá, la provincia tenía muchas más posibilidades de desarrollo que funcionando como Estado independiente. Además, a aquellas consultas populares se llegó en un clima de transparencia, democracia y profundo respeto entre las instituciones de Quebec y el Estado de Canadá; huelga decir que ausente de cualquier atisbo de violencia o similar. El último referéndum de autodeterminación en Quebec se desarrolló con todas las garantías democráticas, garantías hoy por hoy inexistentes en Euskadi, donde los no nacionalistas viven bajo fuertes presiones, algunos, incluso, bajo amenazas de muerte. Aquella normalidad democrática no existe en el País Vasco y, por tanto, el referéndum, lo planteé quién lo planteé, ahora mismo resultaría un fraude.

Otro engaño importante tiene que ver con el supuesto lugar de un País Vasco independiente en la Unión Europea. Begoña Errazti, líder de EA, habla estos días de la República del País Vasco en el seno de la UE. Los nacionalistas manipulan, en este caso, los casos de Eslovenia o Lituania, como ejemplos de pequeños estados que se independizaron recientemente y hoy forman parte de la UE, tras la última ampliación de mayo de 2004. En ambos casos, estamos hablando de estados que consiguieron la independencia tras la desmembración de Yugoslavia y la Unión Soviética, nunca comparable al caso español-vasco.


Begoña Errazti

El nacionalismo vasco oculta la mayor a su electorado, y la mayor es que Euskadi nunca podrá formar parte de la Unión Europea si España veta dicho ingreso que también sería vetado por Francia. A partir de aquí, el discurso de la República Vasca en la UE resulta un canto de cisne, mera retórica electoral nacionalista. Tan utópico es un hipotético ingreso de un País Vasco independiente en la UE, como que Escocia, Gales o el Ulster pudieran sentarse en Bruselas o Estrasburgo, al margen del Reino Unido.

Dicho lo dicho, flaco favor haría el nacionalismo vasco a sus conciudadanos forzando la maquinaria hasta ese supuesto escenario de independencia impuesta que colocaría este territorio en una situación compleja y llena de incertidumbres. Esa República Vasca independiente que pregona Begoña Errazti más tendría que ver con Albania que con los ejemplos antes mencionados.

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